El mundo en su incongruencia
Cuando se llega al mundo, no se explican las reglas de este juego. Ni se expone el destino a la sumisión ante el tira y afloja de pactos incongruentes al que se acogen los sistemas de la gran llamada globalización.
Las creaciones gubernamentales del ser humano sostienen sistemas como motores ejecutores de la economía, la seguridad y sostenibilidad de las invenciones de los sistemas mundiales. Pero en la incongruencia de este mundo, nuestro mundo, la economía de unos son las penurias de otros, la seguridad de unos es el augurio de otros y las sostenibilidad del mundo es la supervivencia del pueblo.
Pese la caída reiterada de la sociedad sobre la misma piedra, no es de sorprender que pase el tiempo y todo vuelva. Tras las sociedades de clases, feudales o contemporáneas, quizás se pueda hablar de sociedades kármicas. Aquellas sociedades que deben aprender de nuevo, todo lo que se pudo que aprender en anteriores momentos de nuestra historia y no se ha mantenido en el tiempo. Y es que pasa el tiempo y todo vuelve, o al menos eso dicen.
Dicen también que es el ciclo de esta vida, vida marcada por una historia de incongruencias y arbitrariedades, generadas de nuevo por las invenciones humanas. Un mundo donde se firman pactos en defensa de los derechos humanos, donde naciones trabajan de forma unida para afirmar la dignidad y el valor de cada ser humano. Las mismas naciones que crean las carencias sociales mundiales a las que deben dar respuestas.
Y es que en este mundo desatinado se ve como normal, apoyar los derechos humanos al mismo tiempo que se legitima la supuesta libertad de expresión, donde se condenan a prisión a protestantes y no a ladrones de guante blanco, donde se salvan las vidas de directivos de bancos y no se permite que algunos salven las vidas de aquellos que no son blancos. Un mundo donde la seguridad civil, es el control de cada ciudadano, donde terrorismo es cualquier cosa que este en contra de lo no acordado.
Puede que ahora con unos años más, tenga más coherencia aquella canción que tarareaba de pequeña de Paco Ibañez, que decía así: “era se una vez un mundo al revés”.


"(...) donde se condenan a prisión a protestantes y no a ladrones de guante blanco, donde se salvan las vidas de directivos de bancos y no se permite que algunos salven las vidas de aquellos que no son blancos (...)" ME ENCANTA, dosis de amarga realidad, para despertar nuestras adormecidas mentes.
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